Me encontraba en un momento de mi vida en el que todo
parecía desmoronarse. Yo era una joven empresaria. Tenía un pequeño negocio
cuyas ventas hacía unos meses que habían comenzado a caer. La relación con mi
pareja también iba de mal en peor. Después de cinco años con él ya no había
nada que me sorprendiera. Habíamos caído en una profunda rutina. Mi vida parecía
como estancada en el pasado. Nada nuevo ocurría que despertara alguna ilusión
interna. Me sentía como muerta por dentro y comencé a preguntarme el significado
de la vida.
En tal situación empecé a sentir una fuerte crisis
interna. Mi estilo de vida no me hacía feliz. Vivía de manera mecánica, como
todas las personas que veía a mi alrededor, ¡y eso no me gustaba! La vitalidad
que siempre me había acompañado parecía desvanecerse, al igual que el sol se
oculta detrás de las densas nubes de un frío y gris día de profundo invierno.
En ese estado me encontraba cuando uno de tantos días,
intentando luchar contra viento y marea en mi negocio, un joven y sonriente
chico entró en mi tienda y me preguntó si podía dejar una publicidad. En esos
momentos el teléfono sonó y le dije rápido que sí antes de contestar la
llamada. Entré a mi despacho para coger el teléfono y al salir el chico ya no
estaba, pero me había dejado la publicidad en el mostrador.
La publicidad era sobre un curso que se realizaba en
España, un curso que se transmitiría a lo largo del ‘Camino de Santiago’. Lo
que allí estaba escrito me atrajo mucho, y necesitaba desconectar de ‘mi realidad’
o me moriría por dentro, así que confiando en mi intuición llamé y me inscribí.
Era la primera vez en mi vida que hacía algo de manera
tan impulsiva, pero no había nada que perder. Necesitaba un soplo de aire
fresco que se llevara mis viejos patrones de comportamiento. Necesitaba ver las
cosas de manera diferente y mi intuición me decía que en este viaje encontraría
respuesta a mis preguntas. ¡Gracias a Dios por primera vez no seguí la lógica
de mi mente, sino que me dejé guiar por esa vocecita que se expresaba en mi
interior, en mi corazón!
Y ahí estaba yo, el primer día del camino, lista con mi
GRAN mochila sobre las espaldas. Mi gorra, mis gafas de sol, mis zapatillas
Nike, mi ropa especial deportiva, etc., etc., etc.
Me fui encontrando con las diferentes personas que serían
mis compañeros/as de camino durante los siguientes días y me fui presentando.
Algunos eran alumnos asiduos a esta Academia y otros nuevos, como yo. La verdad
es que en los antiguos estudiantes veía una chispa especial, un brillo en sus ojos
diferente, a su lado me sentía como una flor marchita necesitada de sol y agua
para volver a revivir.
Durante el primer día del Camino ya me fui dando cuenta
de que muchas cosas de esa enorme mochila que llevaba a las espaldas no las
necesitaría. Y me fui deshaciendo de algunas de ellas liberando su peso. Fue
algo mágico, porque al mismo tiempo que soltaba esas cosas materiales, sentía
como iba realizando un trabajo interior profundo, liberándome de cosas de las
que ni siquiera era consciente, limpiándome. Me di cuenta de que en mí día a día
me preocupaba por cosas absurdas y banales, y este entendimiento fue creciendo
durante los siguientes días.
Durante el recorrido nos guiaron por lugares de la
naturaleza maravillosos en los que parábamos para realizar innumerables prácticas
que nos llenaban de fuerza y energía.
Hubo un día en el que llovió y llovió… Nunca en mi vida
olvidaré ese día, porque en mí se abrió una comprensión profundamente
importante. Por primera vez en mi vida me permití disfrutar de la lluvia, ¡disfruté
como una niña! Experimenté la lluvia acariciando mi rostro. Sentí cómo esta
agua me limpiaba, me purificaba y se llevaba partes pesadas de mi personalidad,
abriendo la conexión con mi esencia y la alegría que en ella alberga.
Entendí que siempre había vivido esclava y dependiente
de las situaciones externas, perdiendo la capacidad de disfrute por las cosas
tan maravillosas que se pueden encontrar en este mundo.
Recibimos conocimientos y prácticas transformadoras
durante todo el camino, prácticas que nos fueron transformando y conectando con
algo Superior. Aquella flor marchita que yo era al principio del camino,
comenzaba a revivir y a convertirse en una de las flores más bellas del jardín
gracias a aquellas prácticas. Viví experiencias de profunda conexión con mi ser
interno y cada día me sentía con más fuerza, tanto física, como interna.
Sentí una gran protección durante todo el viaje, como si
una Fuerza Invisible nos arropara y estuviera atenta de aquello exacto que
precisáramos.
Y habilidades que hasta el momento no creía posibles, se
fueron abriendo en mí…
Uno de los días finales del camino, ya estando en las mágicas
tierras gallegas, paramos en un lugar de ensueño. Aquel lugar parecía sacado de
un cuento de hadas, podía sentir la energía de la tierra subiendo por mis
piernas, los intensos aromas de aquella rica flora impregnaban todo mi ser, los
bellos y variopintos colores de la naturaleza impactaban en mi retina, el canto
de los pájaros creaba una vibrante sinfonía que llegaba hasta los lugares más
profundos de mi ser… ¡¡¡Experimenté sensaciones nunca antes vividas!!! Podía
percibir todo de una manera mucha más intensa, una nueva sensibilidad se estaba
despertando en mí.
Y allí, en aquel mágico lugar experimenté algo
completamente nuevo. Estábamos caminando en parejas, cuando escuché a mi compañero
preguntar algo y yo inmediatamente le contesté, y... ¿Cuál fue mi sorpresa?
Pues que él se me quedó mirando con grandes ojos y me dijo… - ¿Qué? ¡Pero si yo no te he dicho nada! –
¿Mmm…? Yo le miré y le dije sonriendo – Que
dices, pero si yo sólo te respondí a lo que preguntabas, nada más. – No
entendía nada, hasta que él me explicó que sólo había pensado en ello, pero
nunca lo dijo en viva voz. Yo me quedé pálida y fui deprisa a preguntarle al
Tutor que nos acompañaba, él me miró amorosamente. La expresión de sus ojos me
trasmitía ondas de paz y armonía y sólo con mirarle entré en un estado de
calma. Él me explicó que yo poseo muchas habilidades que son como semillas que
esperan el momento para abrirse y florecer, y algunas de ellas ahora comenzaban
a despertar… Me dijo que yo tenía la capacidad de poder captar los pensamientos
de las personas, ¡ésta era una de esas semillas que comenzaba a florecer!
Después de esta primera experiencia ocurrieron algunas
otras, pudiendo escuchar pensamientos de algunas de las personas allí presentes…
Y en otra ocasión me llegó la imagen de una situación que viviríamos varios
minutos después.
Al final del camino todo mi ser había cambiado… Mi cuerpo,
mi mente, mis emociones… Me sentía ligera, fuerte, conectada con mi interior,
así como con algo Superior externo a mí. Ahora confiaba en mí y en esa fuerza
invisible que todo lo mueve y que sé que me guía en mi vida, como si de un ángel
protector se tratara, que me arropa con sus grandes y blancas alas.
Ese camino no sólo fue algo externo, sino un camino hacía
las profundidades de mi ser en el que me liberé de tantas cosas que no
necesitaba, así como, al mismo tiempo, rescaté otras muchas que necesitaba para
ser feliz y de las que me había olvidado durante tan largo tiempo. Y ahora
puedo caminar con paso firme y seguro porque el sendero de mi vida se ha
comenzado a iluminar, como si los brillantes rayos del sol entraran en él y me
dejaran ver la senda a seguir.
Y deciros que esa nueva sensibilidad que esta Academia
me ayudó a abrir a través de mi experiencia personal, me ayudó también a
mejorar mi negocio y otras áreas de mi vida… ¡¡Ahora me siento como un pájaro
que vuela libre y feliz!! Y también estoy comenzando a sentir la necesidad de
compartir todo lo que aprendo con otras personas que viven en la misma
mecanicidad en la que yo vivía antes, estando tan desconectados y alejados de
su ser.
¡Gracias por enseñarme que la Tierra puede ser un lugar
tan maravilloso en el que vivir!