La práctica tantrica más misteriosa es la búsqueda del propio ideal. Cada persona ha experimentado en su vida la aspiración hacia algo superior, algo iluminado, ha vivido las sensaciones del primer amor, el soñar con un héroe, etc. Frecuentemente las personas comunes representan a su ideal en alguna persona que está completamente lejana a lo que de alguna manera pueda lograr, entonces se producen las desilusiones. Algunas personas inducidas por la sensación de un ideal, comienzan a realizarlo en sus obras y creaciones, formando la imagen del ideal en su poesía, pintura o música. Otros encuentran a su ideal en la religión, identificándolo con Dios o con el Mesías. En realidad, el ideal es un ser paralelo del mundo sutil. Cada persona tiene su doble (no confundir con el doble etérico que es nuestro cuerpo etérico), el que se encuentra en el plano astral. Este ser del polo opuesto es nuestro ángel de la guarda. En muchas culturas existen mitos y leyendas sobre estos seres, otorgándole diferentes nombres. Nosotros lo llamamos Onomé. El contacto con él generalmente ocurre en la temprana juventud, específicamente cuando el nivel de la energía sexual Shakti crece y no se descarga a través del orgasmo. Es por eso que muchos talentosos buscando la inspiración practicaban el celibato, de la misma forma muchos místicos religiosos practicaban la castidad lo que favorecía este contacto. En muchas religiones tenían fama los hombres virginales, puesto que la ausencia de los contactos sexuales les daba la posibilidad de tener contacto con las Fuerzas Superiores. En momentos de austeridad, que se lleva a cabo no solamente en lo formal, sino también internamente, el cuerpo sutil de la persona se vuelve más denso, más flexible, adquiere una fuerza y sensibilidad especial, y la capacidad de tomar contacto con el mundo sutil. El establecimiento del contacto consciente con su Onomé le entrega a la persona autosuficiencia y la sensación de plenitud. Al fin encuentra aquello que ha buscado seguramente toda su vida. El Onome puede ser su amigo fiel y su ayudante en el camino del auto perfeccionamiento. Al encontrarse en el mundo sutil el Onome puede entregarle información sobre el pasado o futuro de diferentes personas, abrir sus capacidades, dirigir el camino del autodesarrollo y mucho más.
Para sentir el contacto con el Onomé es necesario encontrarse en un lugar agradable, realizar la práctica de la inacción, de la observación estética. Luego recordar el estado romántico de la juventud, el primer amor, aquellos momentos de su vida en que había entusiasmo, ensoñación y la aspiración a un ideal. Recuerde esas vivencias, que seguramente se han ido borrando a lo largo de la vida, y quíteles la capa de sensaciones sociales, deje solamente la vivencia limpia, dispóngase en todo lo mejor, lo luminoso, lo bueno y divino que tiene en esta vida. Luego sienta el contacto con su Onomé, sienta su presencia. Si ideal nuevamente está con usted, ha recuperado el contacto con él, puede decirle algo o percibir su presencia en silencio, ya que entre ustedes todo está claro incluso sin palabras. Es posible que logre ver al Onomé o incluso oír su voz, sentir su tacto. Pregúntele su nombre, intente sentirlo y verlo con más claridad. Para comenzar es suficiente. Puede pedirle a su Onomé que lo visite en sueños para un aprendizaje más intensivo, pero también es posible que pueda entrar en éxtasis y salir hacia el mundo astral en el cuerpo sutil y viajar junto a su nuevo amigo.
No hay nada que temer ya que él siempre le ayudará. Después de este encuentro es importante que exprese sus sentimientos creando poesía, pintando, creando música o por cualquier otro medio. La creatividad en este estado es especial, ya que es la conducción hacia las vibraciones Superiores del Cosmos, debe ser la expresión de su individualidad y no simplemente la imitación forzada y mecánica de las autoridades o los estándares establecidos. Esta obra de arte será la llave para la unión con su ideal. En usted surgirá un genio. Quizás no de inmediato, pero paulatinamente usted podrá crear, manteniendo el contacto con el ideal y otorgarle a su obra un contenido interior, es decir, realizar una obra mágica, capaz de sanar, conectar a las personas al flujo de su conocimiento, despertar en ellos fuerzas ocultas, etc. Por ejemplo, una discípula en este estado dibuja yantras personales, haciendo que se manifiesten los talentos en las personas y el chakra más influyente. Otro discípulo de Siberia compone música en un estado de individualidad, que hace que la persona para la que está escrita se conecte con los flujos cósmicos de aquellos planetas y constelaciones que tuvieron la influencia en el proceso de formación de su individualidad en el momento del nacimiento. El escucha la música de las esferas y la transforma a sonidos terrenales. Esta música actúa de forma asombrosa sobre las personas, es sanadora y las protege contra cualquier adversidad, abre diversas posibilidades, y eso que antes esta persona nunca había tocado un instrumento. Este talento se abrió a través del Onomé y el Maestro le inculcó los secretos de la música esotérica, le entregó una profunda comprensión de lo que ya aprendió a ver.
En el siguiente contacto que tenga con su Onomé, intente unirse a él en todos los chakras. Para esto envíe desde cada uno de sus chakras un rayo hacia el chakra correspondiente de su Onomé, vinculando energéticamente sus existencias en una sola.