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Vida organica en la Tierra: alimento de la luna! E-Mail

Más o menos por esta misma época tuvimos una conversación sobre el sol, los planetas y la luna. Aunque me impresionó vivamente, he olvidado cómo comenzó. Pero me acuerdo que habiendo dibujado G. un pequeño diagrama, trataba de explicarme lo que él llamaba la "correlación de las fuerzas en los diferentes mundos". Esto se refería a lo que había dicho anteriormente de las influencias que actúan sobre la humanidad. La idea, a grosso modo, era la siguiente: la humanidad, o más exactamente, la vida orgánica sobre la tierra, está sometida a influencias simultáneas, provenientes de fuentes variadas y de mundos diversos: influencias de los planetas, influencias de la luna, influencias del sol, influencias de las estrellas. Ellas actúan todas al mismo tiempo, pero con el predominio de una u otra según el momento. Para el hombre existe cierta posibilidad de elegir influencias; dicho de otra manera, pasar de una influencia a otra.

—El explicar cómo, requeriría un desarrollo demasiado largo, dijo G. En otra ocasión hablaremos de esto. Por el momento quisiera que comprendiera lo siguiente: es imposible liberarse de una influencia sin someterse a otra. Toda la dificultad, todo el trabajo sobre sí, consiste en elegir la influencia a la que usted se quiere someter, y en caer realmente bajo esta in-fluencia. Con este fin, es indispensable que usted sepa prever la influencia que le será más provechosa. "Lo que me había interesado en esta conversación era que G. había hablado de los planetas y de la luna como de seres vivientes, que tienen una edad definida, un período de vida igualmente definido y posibilidades de desarrollo y de transición a otros planos de ser. De sus palabras resultaba que la luna no era un "planeta muerto", como se admite generalmente, sino por el contrario era un "planeta en estado naciente", un planeta en su primerísimo estado de desarrollo, que no había alcanzado aún el "grado de inteligencia que posee la tierra", para usar sus propios términos.

—La luna crece y se desarrolla, dijo G., y quizá, algún día, llegará al mismo grado de desarrollo que la tierra. Entonces, cerca de ella aparecerá una nueva luna y la tierra devendrá para ambas su sol. Hubo un tiempo en que el sol era como es hoy la tierra, y la tierra, como la luna actual. En tiempos más lejanos aún, el sol era una luna."

Esto atrajo inmediatamente mi atención. Nunca me había parecido nada más artificial, más sospechoso, más dogmático, que todas las teorías habituales sobre el origen de los planetas y de los sistemas solares, comenzando por la de Kant-Laplace hasta las más recientes, con todos sus cambios y añadiduras. El "gran público" considera estas teorías, o por lo menos la última que ha conocido, como científicamente comprobadas. Pero en realidad nada es menos científico, nada está menos comprobado. Por lo tanto el hecho de que el sistema de G. admitía una teoría totalmente diferente, una teoría orgánica originada en principios enteramente nuevos y revelando un orden universal diferente, me pareció sumamente interesante e importante.

—¿Cuál es la relación entre la inteligencia de la tierra y la del sol? le pregunté.

—La inteligencia del sol es divina, respondió G. No obstante, la tierra puede llegar a la misma altura; pero naturalmente en esto no hay nada seguro: la tierra puede morir sin haber llegado a nada.

"La humanidad no progresa, ni evoluciona. Lo que nos parece ser progreso o evolución es una modificación parcial que puede ser inmediatamente  contrabalanceada por una modificación correspondiente en la dirección opuesta.

"La humanidad, así como el resto de la vida orgánica, existe sobre la tierra para los fines propios de la tierra. Y es exactamente lo que debe ser para responder a las necesidades actuales de la tierra.

"Sólo un pensamiento tan teórico y tan alejado de los hechos como el pensamiento europeo moderno, podría concebir la posibilidad de la evolución del hombre independientemente de la naturaleza circundante, o considerar la evolución del hombre como una gradual conquista de la naturaleza. Esto es completamente imposible. Ya sea que viva, muera, evolucione o degenere, igualmente el hombre sirve a los fines de la naturaleza, o más bien, la naturaleza se sirve igualmente —aunque quizá por motivos diferentes— de los resultados tanto de la evolución como de la degeneración. La humanidad considerada como un todo jamás puede escapar a la naturaleza, ya que aun en su lucha contra ella, el hombre actúa de conformidad con los fines de la misma. La evolución de grandes masas humanas está en oposición a los fines de la naturaleza. La evolución de un pequeño porcentaje de hombres puede estar de acuerdo con estos fines. El hombre contiene en sí mismo la posibilidad de su evolución. Pero la evolución de la humanidad en su conjunto, es decir, el desarrollo de esta posibilidad en todos los hombres, o en la mayoría de ellos, o aun en un gran número, no es necesaria a los designios de la tierra o del mundo planetario en general, y de hecho, esto podría serle perjudicial o aun fatal. Hay, por consiguiente, fuerzas especiales (de carácter planetario) que se oponen a la evolución de las grandes masas humanas y que las mantienen al nivel en que deben quedar.

"Por ejemplo, la evolución de la humanidad más allá de cierto grado, o más exactamente, más allá de cierto porcentaje, sería fatal para la luna. Actualmente la luna se nutre de la vida orgánica, se nutre de la humanidad. La humanidad es una parte de la vida orgánica; esto significa que la humanidad es un alimento para la luna. Si todos los hombres llegaran a ser demasiados inteligentes, ya no querrían ser comidos por la luna.

"Consideremos el universo tridimensional. Tomémoslo como un mundo de materia y de fuerza, en el sentido más simple y más elemental de estas palabras. Más adelante hablaremos de las dimensiones de orden superior, las nuevas teorías sobre la materia, el espacio y el tiempo, y de las otras categorías del conocimiento del mundo que la ciencia ignora. Ahora tenemos que representarnos el universo bajo la forma esquemática del rayo de creación desde el Absoluto hasta la Luna.

-          ABSOLUTO

-          TODOS LOS MUNDOS

-          TODOS LOS SOLES

-          EL SOL

-          TODOS LOS PLANETAS

-          LA TIERRA

-          LA LUNA

"Naturalmente, hay que notar que semejante teoría no tiene ningún derecho a ser llamada «científica» en el sentido estricto de la palabra, porque en la ciencia, es decir en la astronomía, o más exactamente en la astrofísica, hay una multitud de teorías e hipótesis diferentes y contradictorias sobre este asunto, ninguna de las cuales tiene una base seria. Pero esta teoría, es una de las más difundidas y en lo que concierne al mundo en que vivimos ha llegado a ser el punto de vista del hombre medio de los tiempos modernos.

"Lo repito, la idea del rayo de creación y de su crecimiento a partir del Absoluto, contradice en general todos los puntos de vista de nuestros contemporáneos. "Según esta idea, la luna es un planeta que todavía no ha nacido, por así decirlo, es un planeta que está naciendo. Se está calentando gradualmente y con el tiempo (en el caso de un desarrollo favorable del rayo de creación) llegará a ser como la tierra y tendrá su propio satélite, una nueva luna. Un nuevo eslabón se habrá añadido a la cadena del rayo de creación.

Tampoco la tierra se va enfriando, por el contrario, se calienta, y con el tiempo podrá llegar a ser como el sol. Por ejemplo, observamos un  esarrollo análogo en el sistema de Júpiter, que es un sol para sus satélites.

"Para resumir todo lo que se ha dicho sobre el rayo de creación, que desciende del mundo 1 hasta el mundo 96, recordemos que las cifras por las cuales se designan los mundos, indican el número de fuerzas, o de órdenes de leyes, que gobiernan los mundos en cuestión. En el Absoluto no hay sino una sola fuerza, una sola ley — la única e independiente voluntad del Absoluto. En el mundo siguiente hay tres fuerzas, o tres órdenes de leyes. En el siguiente, seis órdenes de leyes; en el que sigue doce, y así sucesivamente. En nuestro mundo, es decir sobre la tierra, estamos sujetos a cuarenta y ocho órdenes de leyes, que gobiernan toda nuestra vida. Si viviéramos sobre la luna, estaríamos sujetos a noventa y seis órdenes de leyes, es decir que nuestra vida y nuestra actividad serían aún más  mecánicas, y no tendríamos las posibilidades que tenemos ahora de escapar de la mecanicidad.

"Como lo he dicho, la voluntad del Absoluto no se manifiesta .sino en el mundo que ha sido creado inmediatamente por él, dentro de sí mismo, es  decir, en el mundo 3; la voluntad inmediata del Absoluto no alcanza al mundo 6 y no se manifiesta en él sino bajo la forma de leyes mecánicas. Más lejos, en los mundos 12, 24, 48 y 96, la voluntad del Absoluto tiene menos y menos posibilidades de manifestarse. Esto significa que en el  mundo 3, el Absoluto en alguna forma crea un plan general de todo el resto del Universo, que de allí en adelante se desarrolla mecánicamente. La voluntad del Absoluto no puede manifestarse fuera de este plan en los mundos siguientes, y cuando se manifiesta de acuerdo con este plan, toma la forma de leyes mecánicas. En otros términos, si el Absoluto quiere manifestar su voluntad, digamos, en nuestro mundo, en oposición a las leyes mecánicas a las cuales este último está sometido, tendría entonces que destruir todos los mundos intermedios entre sí mismo y nuestro mundo.

"La idea de un milagro en el sentido de una violación de leyes por la voluntad que las ha creado, no se opone solamente al sentido común sino a la idea misma de voluntad. Un milagro no puede ser sino la manifestación de ciertas leyes ignoradas o muy raramente conocidas por los hombres. Un milagro, en este mundo, es la manifestación de leyes de otro mundo.

"Sobre la tierra, estamos muy alejados de la voluntad del Absoluto; estamos separados de ella por 48 órdenes de leyes mecánicas. Si  pudiésemos liberarnos de la mitad de estas leyes, nos encontraríamos sujetos a solamente 24 órdenes de leyes, es decir, a las leyes del mundo planetario y estaríamos un escalón más cerca del Absoluto y de su Voluntad. Luego, si pudiésemos liberarnos de la mitad de estas leyes, nos encontraríamos sujetos a las leyes del sol (doce leyes) y, por consiguiente, estaríamos aún un escalón más cerca del Absoluto. Y si pudiésemos, una vez más, liberarnos de la mitad de estas leyes, estaríamos entonces sujetos a las leyes del mundo estelar y separados solamente por un escalón de la voluntad inmediata del Absoluto. "Por lo tanto, para el hombre existe la posibilidad de liberarse  gradualmente de las leyes mecánicas.

"El estudio de las 48 órdenes de leyes a las que el hombre está sometido no puede ser abstracto como lo es el estudio de la astronomía; no hay sino una manera de estudiarlas, esto es el observarlas en uno mismo y el llegar a  liberarse de ellas. Al comienzo, un hombre simplemente debe comprender que él no tiene ninguna necesidad de permanecer esclavo de mil pequeñas leyes, fastidiosas, que otros hombres han creado para él, o que él ha creado para sí mismo. Pero tan pronto intente liberarse de ellas, verá que no puede. Si hace largos y persistentes esfuerzos en esta dirección, éstos no tardarán en convencerlo de su esclavitud.

Estas leyes que tienen al hombre bajo su dominio, sólo se pueden estudiar luchando contra ellas, y esforzándose por liberarse de ellas. Pero se necesita un gran conocimiento para llegar a liberarse de una ley sin crear en sí mismo otra en su lugar.

"Los órdenes de leyes y sus fuerzas varían de acuerdo con el punto de vista desde el cual consideramos el rayó de creación. "En nuestro sistema, la terminación del «rayo de creación», por así decirlo el último brote de la rama, es la luna.

"La energía necesaria para el crecimiento de la luna, es decir para su desarrollo y para la formación de nuevos brotes, le viene de la tierra, donde esta energía se crea por la acción conjunta del sol, de todos los otros planetas del sistema solar y de la tierra misma. Esta energía se recolecta y se conserva en un gigantesco acumulador situado en la superficie de la tierra. Este acumulador es la vida orgánica sobre la tierra. La vida orgánica alimenta a la luna.

Todo lo que vive en la superficie de la tierra, los hombres, los animales, las plantas, sirven de alimento a la luna. La luna es un gigantesco ser viviente que se nutre de todo lo que respira y de todo lo que crece sobre la tierra. La luna no podría existir sin la vida orgánica sobre la tierra, así como la vida orgánica sobre la tierra no podría existir sin la luna. Además, en su relación con la vida orgánica sobre la tierra, la luna es un formidable electroimán. Si súbitamente se llegara a interrumpir la acción del electroimán, de inmediato la vida orgánica se desmoronaría hacia la nada.

"El proceso de calentamiento y de crecimiento de la luna está en intima conexión con la vida y la muerte sobre la tierra. En el instante de la muerte, todos los seres vivientes liberan cierta cantidad de la energía que los ha animado; esta energía — o el conjunto de las «almas» de todos los seres vivientes: plantas, animales, hombres — es atraída hacia la luna como por un colosal electroimán, y le aporta el calor y la vida de la cual depende su crecimiento, es decir, el crecimiento del rayo de creación. En la economía del universo, jamás se pierde nada y cuando una energía ha terminado su trabajo sobre un plano, pasa a otro plano.

"Las almas que van a la luna, poseyendo quizás una cierta cantidad de conciencia y de memoria, se encuentran sometidas allá a 96 leyes, en condiciones de vida mineral, o en otros términos en tales condiciones que ya no hay salvación posible para ellas fuera de una evolución general en ciclos de tiempo inconmensurablemente largos. La luna está «en la extremidad», en el fin del mundo; «las tinieblas de afuera, el lloro y el crujir de dientes» de la doctrina cristiana.

"La influencia de la luna sobre todos los seres vivientes se manifiesta en todo lo que sucede sobre la tierra. La luna es la fuerza dominante, o más  exactamente la fuerza motriz más cercana, más inmediata, de todo lo que se produce en la vida orgánica sobre la tierra. Todos los movimientos, todas las acciones y manifestaciones de los hombres, de los animales y de las plantas dependen de la luna y están gobernados por ella. La fina película sensible de vida orgánica, que recubre el globo terrestre, depende enteramente de la influencia de este formidable electroimán que succiona su vitalidad. El hombre, como cualquier otro ser viviente, no puede liberarse de la luna en las condiciones ordinarias de la vida. Por consiguiente, todas sus acciones y todos sus movimientos están gobernados por la luna. Si mata a otro hombre, es la luna la que lo hace; si se sacrifica por los otros, es también la luna. Todos los malos actos, todos los crímenes, todos los sacrificios, todas las hazañas heroicas, así como los más pequeños hechos y gestos de la vida ordinaria todo esto está gobernado por la luna.

"La liberación, que viene con el crecimiento de poderes y de facultades  mentales, es una liberación del yugo de la luna. La parte mecánica de nuestra vida depende de la luna, está sujeta a la luna. Pero si desarrollamos en nosotros mismos la conciencia y la voluntad, y sometemos a ellas toda nuestra vida mecánica, todas nuestras manifestaciones mecánicas, escaparemos del poder de la luna. "Otra idea que tenemos que asimilar, es la idea de la materialidad del universo considerado bajo la perspectiva del «rayo de creación». En este universo, todo puede ser pesado y medido.

El Absoluto mismo es tan material, tan ponderable y mensurable como la luna o el hombre. Si el Absoluto es Dios, esto significa que Dios puede ser pesado y medido, resuelto en sus elementos constitutivos, «calculado» y expresado en una fórmula.

"Pero el concepto de «materialidad» es tan relativo como cualquier otro. Si recordamos cómo está dividido el concepto «hombre» y todo lo que se le relaciona: bien, mal, verdad, mentira, etc., en diferentes categorías (hombre Nº 1, hombre Nº 2, etc.), será fácil para nosotros comprender que el concepto «mundo» y todo lo que se le relaciona, está dividido también en diferentes categorías. El rayo de creación establece siete planos en el mundo, siete mundos, uno dentro de otro. Todo lo que se relaciona al mundo está dividido también en siete categorías, una dentro de otra. La materialidad del Absoluto es de un orden diferente a la materialidad de «Todos los Mundos». La materialidad de «Todos los Mundos», es de un orden diferente a la de «Todos los Soles». La materialidad de «Todos los Soles» es de un orden diferente a la de nuestro Sol. La materialidad de nuestro Sol es de un orden diferente a la de «Todos los Planetas». La materialidad de «Todos los Planetas» es de un orden diferente a la de la Tierra, y la materialidad de la Tierra es de un orden diferente a la de la Luna. A primera vista es difícil captar esta idea. La gente está  costumbrada a pensar que la materia es en todas partes la misma. La física, la astrofísica, la química, métodos tales como el análisis espectral, etc., están todos basados en esta aserción. Y es verdad que la materia es siempre la misma, pero la materialidad es diferente. Y los diferentes grados de materialidad dependen directamente de las calidades y de las propiedades de la energía manifestada en un punto dado.

"La materia, o la substancia, necesariamente presupone la existencia de la fuerza o de la energía. Esto de ninguna forma significa que habría que adoptar un concepto dualista del universo.

Los conceptos de materia y de fuerza son tan relativos como cualquier otra cosa. En el Absoluto, donde todo es uno, la materia y la fuerza también son uno. Pero en este caso, la materia y la fuerza no se toman como principios reales del mundo en sí, sino como propiedades o características del mundo fenoménico que observamos. Para emprender el estudio del universo, basta tener una idea elemental de la materia y de la energía, tal como nos la muestran las observaciones inmediatas por medio de los órganos de los sentidos. Lo que es «permanente» se considera como material, como materia, y los «cambios» que intervienen en el estado de lo que es permanente, o de la materia, se llaman manifestaciones de fuerza o de energía. Todos estos cambios se pueden considerar como resultado de vibraciones o de movimientos ondulatorios que parten del centro, es decir, del Absoluto, y van en todas direcciones, entrecruzándose, chocando, fusionándose unos con otros, hasta el fin del rayo de creación, donde todos se detienen.

"Desde este punto de vista, el mundo está hecho de movimientos  ondulatorios o vibraciones y de materia, o de materia en un estado de vibración, de materia vibratoria. La velocidad de las vibraciones está en razón inversa a la densidad de la materia.

"En el Absoluto las vibraciones son más rápidas y la materia menos densa. En el mundo inmediatamente consecutivo, las vibraciones son más lentas y la materia más densa; de allí en adelante, la materia es aún más densa, y las vibraciones más lentas.

"Se puede considerar a la «materia» como constituida por «átomos», considerándose como «átomos» el resultado de la división final de la materia. En todo orden de materia, se les puede considerar simplemente como partículas infinitesimales de la materia dada, que son indivisibles sólo sobre el plano dado. Sólo los átomos del Absoluto son realmente indivisibles. El átomo del plano siguiente, es decir del mundo 3, está hecho de 3 átomos del Absoluto; en otras palabras, es tres veces más grande y tres veces más pesado y sus movimientos son de una lentitud correspondiente. El átomo del mundo 6 está hecho de 6 átomos del Absoluto fusionados conjuntamente de alguna manera, formando un solo átomo».

Sus movimientos también son de una lentitud correspondiente. El átomo del mundo siguiente está hecho de 12 partículas primordiales, y los de los mundos siguientes, de 24, de 48, y de 96. El átomo del mundo 96 es de un tamaño enorme en comparación con el átomo del mundo 1; sus movimientos también son de una lentitud correspondiente, y la materia constituida por tales átomos es más densa.

TRADUCCIÓN:

Un átomo del absoluto

Un átomo de todos los mundos

Un átomo de todos los soles

Un átomo del sol

Un átomo de todos los planetas

Un átomo de la Tierra

Un átomo de la Luna

"Los siete mundos del rayo de creación representan siete órdenes de materialidad. La materialidad de la luna es diferente a la de la tierra; la materialidad de la tierra es diferente a la del mundo planetario; la materialidad del mundo planetario es diferente a la del sol, etc.

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En otra ocasión hablamos de la luna y de su relación a la vida orgánica sobre la tierra. Y uno de nosotros encontró un excelente ejemplo para ilustrar esta relación.

La luna es la pesa de un reloj de péndulo. La vida orgánica corresponde a su mecanismo, que es puesto en marcha por las pesas. Las pesas jalan la cadena que pasa alrededor de la rueda de engranaje, que pone en movimiento las pequeñas ruedas del reloj y sus agujas. Levántese la pesa y el reloj se detendrá inmediatamente. Asimismo la luna es una pesa gigantesca, suspendida a la vida orgánica y que la hace andar. Sean cuales fueren nuestros actos, buenos o malos, inteligentes o estúpidos, todos los movimientos de las ruedas y de las agujas de nuestro organismo dependen de esta pesa que continuamente ejerce su presión sobre nosotros.

Personalmente estaba muy interesado por la cuestión de la relatividad considerada en relación a lugar, quiero decir al lugar en el mundo. Ya había llegado desde hacía tiempo a la idea de una relatividad dependiente de la interrelación de magnitudes y de velocidades. Pero la idea de lugar en el orden cósmico era enteramente nueva para mí, así como para todos los demás.

Cuánto me extrañó, al convencerme poco después que esto era lo mismo; en otras palabras cuando comprendí que la magnitud y la velocidad determinaban el lugar, y que a su vez el lugar determinaba la magnitud y la velocidad.

Al hablar un día de la coordinación de todas las cosas en el universo, G. se detuvo especialmente en la cuestión de la "vida orgánica sobre la tierra".

—Para la ciencia ordinaria, dijo, la vida orgánica es una especie de apéndice accidental que viola la integridad de un sistema mecánico. La ciencia ordinaria no la liga a nada y no saca ninguna conclusión del hecho de su existencia. Pero ustedes ya deberían haber reconocido que no hay y que no puede haber nada accidental ni inútil en la naturaleza; cada cosa tiene su función precisa, y sirve a un propósito definido. Así, la vida  orgánica es un eslabón indispensable en la cadena de los mundos; ésta no puede existir sin ella, tanto como ella misma no podría existir fuera de esta cadena. Ya hemos dicho que la vida orgánica transmite a la tierra las diversas influencias planetarias, y que sirve de alimento a la Luna,  permitiéndole así crecer y fortificarse. Pero la tierra también crece, no en volumen, sino en conciencia y en receptividad. Las influencias planetarias que le bastaban en cierto periodo de su existencia se tornan insuficientes; necesita influencias más sutiles. Para recibir estas influencias más sutiles, necesita un aparato receptor también más sutil. La vida orgánica debe entonces evolucionar para adaptarse a las necesidades de los planetas y de la tierra. Asimismo, en tal o cual período la luna puede satisfacerse del alimento de una cierta calidad que le trae la vida orgánica. Pero llega un momento en que este alimento deja de satisfacerla y ya no puede asegurar su crecimiento; desde ese momento, la luna comienza a tener hambre. La vida orgánica debe estar en condiciones de saciar este hambre, de otro modo no Cumple su función, no responde a su propósito. Esto significa que para responder a su propósito, la vida orgánica debe evolucionar y mantenerse al nivel de las necesidades de los planetas, de la tierra y de la luna.

"El rayo de creación, tal como lo hemos tomado del Absoluto a la Luna, es como la rama de un árbol, es una rama que crece. La extremidad de esta rama, de donde salen los nuevos brotes, es la luna. Si la luna no crece, si no produce, o no se prepara a producir ningún brote, quiere decir que el crecimiento de todo el rayo de creación se va a detener, o bien que debe encontrar un nuevo medio de crecimiento, desarrollar alguna rama lateral. Al mismo tiempo, todo lo que acabamos de decir nos permite ver que el crecimiento de la luna depende de la vida orgánica sobre la tierra. El crecimiento del rayo de creación depende entonces de la vida orgánica sobre la tierra. Si la vida orgánica desaparece o muere, toda la rama se seca inmediatamente, o, por lo menos, la parte de la rama que se encuentra más allá de la vida orgánica. La misma cosa se debe producir, aunque más lentamente, .si la vida orgánica se detiene en su desarrollo, en su evolución, y ya no puede responder a las demandas que se le hacen. La rama puede secarse. Nunca hay que olvidarlo. Se han dado exactamente las mismas propiedades de desarrollo y crecimiento a la parte Tierra-Luna del rayo de creación, que a cada rama de un gran árbol. Pero el crecimiento de esta rama no está garantizado en ninguna forma; depende de la acción armoniosa y correcta de sus propios tejidos. Si uno de estos tejidos deja de desarrollarse, todos los demás hacen lo mismo. Todo lo que puede decirse sobre el rayo de creación o sobre su parte Tierra-Luna se aplica igualmente a la vida orgánica sobre la tierra. La vida orgánica sobre la tierra es un fenómeno complejo, pues todos sus elementos dependen estrechamente unos de otros. El crecimiento general no es posible sino a condición de que crezca la «extremidad de la rama». O para hablar de una manera más precisa, en la vida orgánica hay tejidos que evolucionan y otros que le sirven de alimento y de ambiente. Igualmente, en los tejidos en evolución, hay células que evolucionan y otras que les sirven de alimento y de ambiente. Y cada célula en evolución a su vez comporta partes que evolucionan y partes que le sirven de alimento. Pero siempre y en todo, hay que recordar que la evolución jamás está garantizada, que es solamente una posibilidad y que puede detenerse en todo momento y en todo lugar.

"La parle de la vida orgánica que evoluciona es la humanidad. Asimismo la humanidad también tiene una parte que evoluciona, pero luego hablaremos de eso; mientras tanto, tomaremos la humanidad como un todo. Si la humanidad no evoluciona, ello significa que la evolución de la vida orgánica debe detenerse, lo que provocará a su vez una detención en el crecimiento del rayo de creación. Al mismo tiempo, si la humanidad deja de evolucionar, se vuelve inútil desde el punto de vista de los fines para los cuales había sido creada, y como tal puede ser destruida. Así la detención de la evolución puede significar la destrucción de la humanidad.

"No tenemos indicios que nos permitan precisar en qué período de la evolución planetaria nos encontramos, ni si la tierra y la luna tendrán o no tiempo de esperar que la vida orgánica se desarrolle hasta el estado deseado de su evolución. Pero naturalmente, los que saben pueden tener informaciones exactas sobre esto, es decir que pueden definir en qué fase de su evolución se encuentra la tierra, la luna y la humanidad. En lo que a nosotros concierne, no lo podemos saber, pero deberíamos recordar que el número de posibilidades jamás es infinito.

 

 
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