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LA PARABOLA DEL CLAVO |
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Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre, un
hombre sabio, le dio una bolsa de clavos y le dijo:
"Cada vez que pierdas la paciencia y que por ello insultes o agredas a
otro, deberás clavar uno de estos clavos detrás de la puerta".
El primer día, nuestro impaciente amigo clavó 41 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio,
clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil
controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que
pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, éste le dijo:
"¡Muy bien, hijo, sabía que lo lograrías! Pero ahora debes retirar un
clavo cada día que logres estar tranquilo sin ninguna rabia en tu
corazón".
Algunos meses más tarde el joven pudo por fin avisar a su padre que no quedaban
más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo:
"Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta.
Nunca más será la misma. Cada vez que te dejaste llevar por la rabia y la
impaciencia, dejaste cicatrices en tus seres queridos. Exactamente como las que
aquí ves en nuestra puerta. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho,
pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para
siempre. Recuerda esto cada vez que estés a punto de agredir a alguien."
¡Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física!
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