Un anciano miserable, mal vestido, llevaba a cuestas un saco de carbón, hacia algún lugar. Apenas podía respirar, gemía lastimosamente, utilizando al máximo sus últimas fuerzas, maldecía sin piedad y desesperadamente la bolsa, sin embargo, continuaba llevándola y no la podía tirar.
Se decía:
- ¡Una bolsa de carbón me dará calor! –
-Pero también reclamaba: ¡Qué pesado es! Pero, creando este fuego, calentaré mis huesos y combatiré el frío.
El camino era largo... La bolsa se cayó de sus manos. Y el Anciano se marchitó.
- ¿Cómo me va a dar calor esta bolsa que estoy llevando? Probablemente, ¡noaumentará mi fuerza! ¿Quizás no la llevaré hasta casa? Horrible, ¿moriré aquí, tan duro y miserable? ¿Dónde está mi muerte? ¿Probablemente en algún lugar? ¡Deja que este viejo se muera! Porque ya ha vivido lo suficiente.
El viejo continuó: “ ¡Ven con tu guadaña, y corta de raíz!”
Dejando la bolsa a un ladose decía: “ ¿Llené esta bolsa de carbón para morirme? Bueno, ¿la llevaré de nuevo? ¿De nuevo voy a atormentar a mi cuerpo? ¡Prefiero morir ahora que seguir sufriendo! ¿Dónde estás? ¿En qué lugar?”
De repente, alguien le tocó su hombro: «¿Qué son esos gritos, viejo? Estoy a tu lado ».
- ¿Estás aquí? - se sorprendió el Anciano. Estaba temblando
- “Sí, estoy”le respondió la muerte... “Aquí está la bolsa ...”
– El anciano quedó petrificado – “Sí, quería , y después ... me quedé parado ... “
La muerte entoncesle respondió perezosamente y sin maldad: «¿Por qué me llamaste, novato? Yo estaba durmiendo. Y de repente escuche tu llamado. He venido utilizando mis últimas fuerzas. Creo que debe haber algún problema, parece que necesitas algo. ¿Qué quieres, Anciano? ¡Habla! ¿No me despertarías en vano? Di, pero no mientas”.
- “Lo siento, te alarmé para nada” le respondió tembloroso el anciano. “Parece que puedo arreglármelas solo con el saco de carbón. Continuaré mi camino, y tú mejor ándate. ¿Has venido por que no te dejaba descansar? Me castigaré a mí mismo por el malentendido, y no lo permitiré más, sin duda. ¡Una vez más, lo siento! ¡Ahora tengo que irme! – El anciano tomó entonces su bolsa.
- ¿Me dejas ayudarte a levantarla? – le pregunto la Muerte, dejando su guadaña a un lado.
- ¡No es necesario! ¡Mejor lo hago por mi mismo! Es mía, así que yo debo cargarla hasta su lugar.
- ¡Bueno, bueno, como tú digas! ¡Así tienen que ser estas cosas! Pero si me invitas, después tenemos que remediar .- afirmó diabolicamente - ¡Bueno, bueno! ¡Un viejo bastante fuerte! ..
El Anciano ni siquiera escuchó las últimas palabras. Puso la bolsa sobre sus hombros y echó a andar rápidamente. Ya no era una carga,su espalda no le molestó más. ¡Sólo rezó para que su destino fuera perdonado!