Encuentro con el Guru Pfaski: "La verdad de la vida puede ser sólo una¨
“La verdad de la vida puede ser sólo una. El ser humano siempre, en todos los tiempos, ha tratado de conocerla. Dicen que lo logra sólo en el último instante de su vida. Pero hay personas que conocen la verdad en vida, son personas extremadamente escasas, a quienes llaman iluminados o santos. En todos los tiempos han existido personas altamente espirituales, en todos los países del mundo, incluyendo Rusia. Al llevar una forma de vida religiosa, a menudo ascética, al pasar su vida en oraciones, ellos conocían a Dios, conocían la Verdad. La oración es un método de concentración, y mientras más clara y sinceramente se expresa en la mente, más posibilidades tiene el que reza de alcanzar la así llamada resonancia, cuando una micro partícula de la conciencia del ser humano (su oración) puede alcanzar a la súper conciencia: a Dios. Una persona altamente espiritual, que ha conocido la verdad, que es iluminada, es un Alto Maestro. Por lo general, al alejarse del mundo, entabla una relación con la gente a través de trabajos espirituales o por medio de un discípulo elegido, digno y dotado.
En nuestra época, en la India Norte vivió un Santo. Los yoghis de la India contemporánea, que a lo largo de siglos han transmitido por vía oral conocimientos de los Altos Maestros, concluyeron que no ha nacido aún un ser humano de ese nivel en el periodo de tiempo observable. Todos los yoghis lo consideraban un Dios en la tierra, que podía hacer TODO, como ellos dicen.
-¿Y volar? –preguntará usted.
-Podía.
-¿Y materializarse en algún lugar determinado, así como desmaterializarse?
-Podía… ¡Él podía TODO!
Cuando él concientemente dejo su cuerpo físico, tenía más de 151 años. Nadie podía visitarlo si él no lo deseaba. Una vez, cuando este Alto Maestro tenía 120 años de edad, sintió la aparición de un futuro discípulo, en una de las escuelas de yoga de la grande y ajetreada ciudad de Bombay. Siguiendo su deseo el Maestro fue a buscarlo desde la India Norte, dejando por un tiempo su morada en retiro en las montañas. Ese discípulo venía de Rusia, tenía nacionalidad georgiana, con un talento natural extraordinario. El Alto Maestro llegó a esa escuela de yoga en el preciso momento en que los profesores realmente no sabían qué hacer con el joven, cuyas habilidades telepáticas poseían un carácter nítido y permanente, y se encontraban, como se dice, más allá del límite de la comprensión…”
(Extracto del libro que será publicado)
Ese joven estudió con el Alto Maestro, en su retiro en las montañas, y se transformó en su tercer discípulo. Con los años de dedicación a las prácticas espirituales que recibió, dedicado a cuidar a la gente, ser bondadoso y generoso, ese joven alcanzo el estado de Iluminación. Hoy él es un Alto Maestro. Maestro solamente de Maestros a través de quien transmite al mundo lo que aprendió. Nosotros tenemos el privilegio de conocerlo como Sri Guru Sotidanandana Alid Pfasky Natva. Um Maestro Muy Iluminado.
“Que quiere decir que usted es muy Iluminado?”
Le preguntó en nuestro último encuentro en San Petersburgo, una de nuestras alumnas.
Lo que él respondío con su magnífica presencia y amorosidad:
“Quiere decir que soy Maestro de Maestros Iuminados”
Así como su Maestro él solamente tiene tres discípulos, y la responsabilidad por todos los Raya Yogis que tienen menos Sidis que él.
Conocerlo, estar cerca de él, ser mirado por él es una gran honra que solamente los Estudiantes de la escuela Golden Altay han recibido. Estar con él es recibir una semilla de verdad y transformarse apenas por su presencia.
El dia 20 de noviembre será su cumpleaños, que vamos a comemorar con um seminario muy especial en San Petersburgo. Pero para algunos de ustedes, aquellos que tienen el gran anhelo de conocer en esta vida la verdad y recibir un apoyo extraordinario en todos sus asuntos, habrá la posibilidad de que vayan a un encuentro personal con el Gran Maestro. Será en San Petersburgo, el día 10 de noviembre.
“Así como la mayoría de las personas cuando era niña el mundo era para mi un jardín de Dios. Era presente, viva, energética. Todo para mi era interesante y mis ojos veían belleza y magia en todo. Por la mañana me despertaba feliz, sin memorias del día anterior, sin peso en mis espaldas y con el milagro del día delante de mí. Era una exploradora! El ángel de la guardia, para quien oraba con mi abuela materna, era mi Dulce compañía. Bondad y generosidad eran algo natural.
Pero los años pasaron, aprendí sobre lo mío y lo tuyo . Recuerdo que aprendí con gran dificultad mi nombre y apellido, mis distintivos tan importantes en el mundo social y que en mi mundo de niña eran tan largos e incomprensibles. Ví a los adultos sufrir, peleando, hiriéndose e también sobre eso aprendí. El ángel de la guardia desapareció y fue sustituido por un Dios castigador, severo, que condenaba todo aquello que me daba placer.
Vino entonces la distancia con la religión y sus formas. El miedo al castigo fue sustituido por el miedo de caminar en un mundo sin protección y finito. El miedo de no saber quien era. Y en este mundo sin Dios, sin fuerza divina y sin saber quien era vinieron las dependencias: de la pareja, del cigarro, de la opinión de los otros sobre mi que finalmente se transformaron en mi Dios.
Cuando tenia 18 años mi hermano de 16 años, bello y fuerte como nadie murió, de repente. Fue el dolor más dilacerante que vivi, no sabia nada sobre la vida así no podia entender la muerte. Los resquicios de un Dios Santa Claus que quedaban en mi subconsciente no me ayudaron a entender su muerte. ¿Por que Él se lo había llevado? Definitivamente ese Dios, si no era Santa Claus a darme regalos, solo podría ser alguien muy malo e injusto. La distancia con Dios aumento.
Pero era una persona inteligente, muy inteligente decían mis profesores en la universidad, y mis ojos no estaban totalmente cerrados. No podía hacer como muchos científicos y académicos, que niegan la existencia de lo que no entienden. Yo no podía negar que había experiencias y situaciones que no podían ser explicadas por el mundo cartesiano en el cual vivía. Así, además de los estudios académicos, me dedique al estudio de ese mundo invisible a través de varios sistemas. Pero Dios aun no estaba incluído em mi vida.
Delante de una experiencia extraordinaria que tuve con el amor, durante una meditación en la cual recibí el completo estado de gracia, deje de negar la existencia de Dios y volví a orar. La oración paso a ser una gran compañía en todos los momentos y pude observar como muchas situaciones complicadas de mi vida eran superadas a través de ella.
Me aproxime cada vez más de Jesús, encontré en la lectura de sus palabras la serenidad y el entendimiento que mi corazón buscaba. Pensaba en el privilegio que tuvieron aquellos que lo conocieron, que escucharon sus palabras, que convivieron con él. Mi corazón deseaba ardientemente poder conocer la verdad y el amor así como el la conocía. Vivir con su simplicidad. Pero claro que todo eso parecia muy distante. Como persona típicamente occidental pensaba que los Maestros vivían en el pasado.
Seguramente por que nada conocía sobre el tema y los Maestros que poblaban mi mente eran aquellas personas muchas veces abusadoras de mi infancia que querían someterme a un sistema en el cual no me sentía bien: los maestros de la escuela.
Tampoco me ayudaba el contacto con algunos grupos de la llamada nueva era donde estaba en boga repetir, como un mantra: “Tu eres tu propio Maestro. Ahora ya no es el tiempo de los Maestros” . Como si fuera posible encontrar por si mismo y mantener viva la partícula divina soterrada por años de programas sociales y personalidad.
Tan poço los falos Maestros que surgen por todas partes, así como la imprenta siempre lista a crucificarlos, para probar al mundo que todo camino espiritual es un engaño.
Fue cuando apareció en mi vida Altay Chi como un rayo que transformo rápidamente mi vida, me ayudo a dar los saltos interno y externos en mi desarrollo personal que buscaba por muchos años. Ayudándome con el conocimiento vivo y también con el conocimiento silencioso, sutil que nos hace superar en una vida lo que parecía insuperable. Con el entendí la diferencia entre caminar recibiendo el apoyo y el conocimiento de una conciencia elevada y de una egregora.
Hace tres años ocurrió otro milagro en mi vida, fue el encuentro con el Maestro de Altay Chi: Sri Guru Sotidanandana, en San Petersburgo.
Ir a su encuentro era una gran emoción, pero me cuesta imaginar como son las cosas que me superan en grandeza y por eso no imaginaba nada. El encuentro fue en un salón para unas 15 a 20 personas. Desde antes del encuentro observe que em mi había uma inusitada serenidad. Seria um gran encuentro, muy esperado, pero em mi no habia ansiedad. Cuando el entro al salón me impresiono su porte, su tamaño físico, pero más que ello, su tamaño energético. ¡Nunca había visto nadie tan grande! En él había una presencia y en sus ojos un amor por todos que transcienden lo que yo haya visto. No era amor de caridad, ni de compasión y mucho menos de pena. Era un amor vivo, radiante y profundo. Me sentí en casa, delante del ser más familiar que jamás había encontrado. Su manera de expresarse fue para mí el ejemplo vivo de la mente objetiva, sin imaginaciones ni proyecciones, completamente concreta y clara. Como psicóloga que estudió por muchos años las proyecciones y neurosis era increíble encontrar este estado de mente pura.
Observe que delante de él y durante todo el encuentro mi mente también estaba muy clara y era imposible distraerme, volar en mi imaginación o tener pensamientos negativos. Así se sucedieron algunos encuentros, donde podía preguntar aquello que más me inquietaba y recibir respuestas muy simples, concretas y profundas. Además aprendía oyendo las respuestas, muchas veces llenas de humor, que les daba a las otras personas. Allí, con él, todo en esta vida parecía extremamente simple. Y poco a poco nos fue revelando lo que es realmente importante: ser sincero, conocer a Dios, ser bondadoso, ayudar a los otros, tener un Maestro, amar, aceptar lo que tenemos...
De vuelta a mi vida y actividades podía observar como estaba más serena, confiante y como mis esfuerzos me traían más resultados, las mismas acciones alcanzaban más éxito que antes. Los ejercicios que él nos enseñó tenían resultados visibles. Después de algunos meses realizando la respiración que él nos enseño no solo aumento en 60 a 70 % mi capacidad respiratoria sino que pude sentir mi piel y canales energéticos respirando, como solo lo había sentido en pocos momentos después de practicas energéticas muy intensas.
Después de un encuentro con él, en un momento de muchas tensiones y pruebas en mi vida, pude leer el libro sobre su vida. Este libro es así como él, claro, objetivo, con palabras muy simples que iban transformando algo dentro de mi, mi manera de pensar, de ver la vida y casi sin darme cuenta algo nuevo y desconocido nació en mi: la felicidad. Antes había conocido la alegría, pero en ese momento conocí la felicidad. Probé por meses un estado de total aceptación de todos los eventos y circunstancias. Nada cambiaba mi estado, una profunda serenidad y felicidad, no había sueños ni proyecciones. Um gran estar en el presente sin tener que hacer ningún esfuerzo para ello. Este fue para mí el más grande milagro que he vivido.
Al mismo tiempo alrededor de mi veía las personas que habían estado con él o que se habían hecho cura con su energía, superar enfermedades graves o solucionar problemas muy complicados que a veces cargaban por años. Veía a todos aquellos que estuvieron con él más bellos y fuertes.
Otros encuentros ocurrieron. Mi capacidad psíquica ha aumentado, mi éxito en el mundo social, mi salud y la suave y profunda alquimia interior. Cuando en mi vida enfrento situaciones difíciles, o en mi aparecen emociones negativas sin control y absolutamente no sé como cambiar mi estado, cierro mis ojos, vuelvo a aquel salón de los encuentros y a su presencia, y viene a mi un estado que no alcanzaría por mi misma ni en un millón de años.
Esto es para mí la experiencia de encontrar un Iluminado. Mis sueños de niña se realizaron, encontrar el amor, la verdad y la inocencia encarnados en el mundo adulto. El mundo no es estéril ni gris y pude conocer la experiencia de aquellos que pudieron estar cerca de Buda, Cristo, Gurdieff…
Con su mano él me eleva hasta donde esta vida sola jamás podría alcanzar y me ayuda a entender lo que una vez leí de Rumi “una persona sin un Maestro hace en 100 años lo que se hace en un mes con un guía”
Después del encuentro con él pocas cosas en el mundo me sorprenden, casi siempre sé lo que me va a ocurrir en cada situación y con cada persona. También puedo saber que actitud o acción realizar.
Cuando lo encuentro sé que estoy en casa, él me confirma que el amor, la verdad y la perfección existen y que me puedo dirigir a ella. Jesús para mi ahora no es alguien del pasado, y se lo que representa y lo que se siente estando em la presencia de um Iluminado. Agradezco a Dios poder en vida conocer alguien así y entiendo que es el evento más precioso de mi existencia.
Deseo profundamente que todas las personas del occidente puedan conocerlo, que puedan despertar para aquello que es realmente importante y entender que ellos también pueden tener esa experiencia si en esa dirección dirigen sus esfuerzos.
Por que muchas veces nuestros sentidos están anestesiados por necesidades y deseos sin sentido. Muchas veces las personas, así como yo, sueñan con un mundo mejor, con encontrar el amor y la perfección, con encontrar una persona que los ame así como son, que sienta sus almas y que de él reciban apoyo y respuestas a las más importantes preguntas de la vida.
Pero cuando la posibilidad de este encuentro aparece en la vida de la persona, ellas muchas veces se encuentra en este estado de anestesiamento creada por nuestra cultura y la persona pone como prioridad los esfuerzos por tener el coche, la casa, la pareja, los hijos, la carrera....y el encuentro con el Santo, con el Iluminado, en algún lugar indefinido del futuro, cuando combine con la agenda, o sobre dinero, como si marcar este encuentro fuera lo mismo que marcar vacaciones.
En estos tiempos de tan fuertes transformaciones, donde todo aquello que es sólido ya se demostró que puede destruirse a cualquier momento, el encuentro con los Santos, los Sabios talvez sea la única cosa de valor que podemos realizar. Y encontrar no solamente una vez, sino que muchas veces, hasta que su estado penetre en nosotros y podamos entonces ver el mundo con sus ojos, y así poder ayudar a tantas personas que en estos tiempos sufren.
Encontrarse con los Santos, con los Iluminados, es una bendición divina que pocas personas reciben, cuando esta oportunidad ocurre es el momento de correr, volar, en su dirección ¡y todo estará bien! “