Página de inicio arrow Articulos arrow Chamanismo Siberiano arrow El chamanismo es la búsqueda de la perfección del alma
El chamanismo es la búsqueda de la perfección del alma E-Mail

Vivimos en un mundo de sombras, de miedos y apegos donde creemos que la realidad es aquello que podemos tocar, oler, sentir, ver, escuchar.

Si piensas esto, realmente nunca podrás sumergirte en el viaje a otros mundos, esos mundos sutiles a los que viajan los chamanes buscando el alma de los seres humanos que han perdido su salud, su belleza, su riqueza, su éxito… Pero si eres de los que siente que lo que llamamos “realidad” es sólo un sueño, una mera ilusión, tenéis ante vosotros la posibilidad de descubrir “aquello que no se ve” con los seminarios de Chamanismo de la Escuela de Aharata.

 

Un chamán habla con los espíritus de la naturaleza, viaja a lomos de su tambor ascendiendo por el Árbol del Mundo con todos los seres que están por nacer en sus ramas; arrebata a Erlik apegos y recuerdos; dibuja y vislumbra el futuro en la olla de Ulgen; se conecta con la belleza y los dones de Umai y busca incesantemente la Eternidad a través de los ojos de Tengri.

 

Los 4 dioses de los 4 mundos del Chamanismo Siberiano. Los guardianes del destino de una persona, el misterio que encierra toda nuestra existencia, la existencia de nuestra alma lejos de la limitación de cualquier tiempo, de cualquier espacio.

 

El chamanismo no es una superchería sin sentido. No es un cúmulo de historias fantásticas vacías de significado. El chamanismo es un profundo entendimiento de la vida y la muerte, el uso de la energía vital de la persona, la naturaleza y los espíritus que la habitan, de las leyes cósmicas y, sobre todo, la búsqueda de la perfección del alma a través de la ayuda al ser humano en su ciega travesía por lo que llama vida.

 

El chamán viaja en sí mismo y en los diferentes mundos e incrementa su percepción de todo lo que le rodea a medida que libera su mente, sus emociones y su cuerpo. Y en estos seminarios lo descubres muy rápido.

 

La primera vez que fui a Altai el conocimiento aparentemente oculto a la mente habitual, se desvelaba con facilidad en cada práctica, en cada ritual. Muchos fueron los momentos mágicos contemplando las estrellas y los árboles, montando a caballo por el campo, bailando alrededor de una hoguera alentados con el sonido del tambor y el hámuz… pero, en aquella ocasión, hubo una clase que me impactó.

Eran las 7 de la mañana y, como cada día, bajábamos corriendo al río. El Katún. Su espíritu es tan fuerte y tan limpio que mirándolo sientes que te habla, que te acoge. Llegamos a la orilla, alfombrada de grandes cantos rodados blancos, negros y grises, y el tutor nos pidió que nos quitáramos la ropa y que nos aproximáramos al agua. De una orilla a otra debía haber unos 70 metros y estábamos justo en un recodo, una curva por la que el Katún descendía en remolino a toda velocidad. Si cualquiera lo hubiera visto desde la mente hubiera creído que era una locura sumergirnos allí. Pero todos estábamos tranquilos y confiados y, con la advertencia de no ir hacia el centro, se nos pidió empezar a nadar contracorriente y, cuando lo sintiéramos, girar sobre nuestra espalda y dejarnos llevar. El tutor no dijo nada más y todos nos metimos obedientemente en el agua.

 

Empecé a nadar contracorriente sintiéndome feliz y viva. Era un gran esfuerzo pues, a pesar de que no paraba de bracear, en pocos segundos me encontraba a varios metros del tutor, que nos observaba atentamente a todos. Disfrutaba con el agua dándome en la cara, incluso cuando a veces entraba con fuerza por mi nariz y no me permitía respirar bien. No pensaba en nada. Sólo en nadar y tratar de no dejar que el Katún me ganara terreno. Era como una competición que me divertía y veía a los otros alumnos ensimismados en la misma lucha. En un momento determinado sentí que debía darme la vuelta y dejarme llevar. Y así lo hice. Sólo me bastaron 5 segundos para darme cuenta de que no me gustaba nada dejarme arrastrar y, además, en ese breve espacio de tiempo, el Katún ya me había alejado más de 100 metros del lugar donde se encontraba el tutor.

 

No sin esfuerzo, me levanté inmediatamente, sintiendo en mi interior que en aquella “sencilla” práctica me había dado cuenta de muchas cosas sobre mí misma, sobre mi forma de ver la vida. Pero la verdadera lección estaba por llegar.

Allí de pie, con el agua por las rodillas, vi pasar a toda velocidad a alguien río abajo. Al principio no sabía quién era, pero mi instinto fue echar la mano y sacarla porque, así como yo no había aguantado ni 5 segundos dejándome llevar, esta persona estaba completamente vencida. Miré hacia el tutor y observé que miraba tranquilo. Así que retiré la mano y me di cuenta de que, quien pasaba a mi lado sin luchar era una mujer, enferma de cáncer, que se encontraba haciendo sanación en el seminario. En el tiempo que me daba cuenta de esto, ella ya había desaparecido 200 metros más abajo en otro recodo del río. Me quedé mirando y, al cabo de 5 minutos, la vi regresar andando. Me giré y me acerqué a dónde estaba el grupo.

“Los que luchan y buscan nuevas metas acumulan energía Kut continuamente, energía que podrán utilizar para sus propósitos en esta vida. Aquellos que se abandonan en sus costumbres y hábitos se degradan, enferman y mueren. Este es el río de la vida. Según hacia dónde os enfoquéis, así será vuestro destino”.

 

¿Qué destino quieres tener tú?

Ven a descubrirlo en la Escuela de Chamanismo de Aharata

 
Siguiente >

¡Recibe artículos y noticias frescas!
Spain




Code:
Receive HTML?
Search